Recuerdo con cariño y una sonrisa, como quien recuerda las travesuras de su infancia, a las multitudes que sólo hace unas décadas creyeron que el futuro sería una utopía llena de paz y amor. Pero la realidad es tozuda, y los que no se dejaron el pellejo o la mente en el camino gracias a las drogas duras y otras calamidades, al cabo de los años mutaron en yuppies, obsesionados por la apariencia, el poder y el dinero, dándose vuelta como un calcetín.
Y aquí estamos. El fracaso de aquello era quizá inevitable ya desde el nombre, ya que en griego u-topos significaría algo así como "no hay tal lugar". No voy a fatigar al desventurado lector de esto, si es que lo hay, con una lista de calamidades de nuestro mundo, basta con ver un telediario para comprobar que vivimos en el reverso tenebroso de la Utopía... la Distopía. Y como disgresión añadiré que es curioso que la palabra postapocalíptico evoque inmediatamente un mundo desolado y yermo (Mad Max, Deus Irae, Blade runner, etc.) cuando en realidad apocalipsis sólo quiere decir "revelación", no un evento catastrófico. Pero ya que es una palabra firmemente asentada en el imaginario popular, me parece acertado seguir usándola. Y ya lo dice el subtítulo de este blog, creo que el mundo distópico no está situado en un lejano mañana, sino aquí y ahora. Es paradójico... el "apocalipsis" ya ha ocurrido, y parecemos no darnos cuenta.
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| "The Road", el mundo distópico de Cormac McCarthy |

